lunes, 10 de marzo de 2008

Programa Nº 157


Editorial

Hoy les voy a contar la historia de un tipo cualquiera

Un tipo que el jueves se raboneó un rato del laburo, para sacar la entrada. Desde Caseros, bajó por Luna escoltado por los duendes que habitan el barrio. Llegó a la ventanilla del Ducó, la casa abandonada, y recordando mejores días, se vió en un futuro cercano, habitando nuevamente ese cemento orgullosamente amado, y sonrió.

Desenfundó 24 mangos, y pensó en esa salida que le negó a la bruja, por falta de vento. Tragó saliva, se sacudió rápido el remordimiento y se autoconvenció que valía la pena.

24 sopes!, ni que en Argentinos jugara el Diego, y en el Globo, Miguel. Ni que la canchita de La Paternal, tuviera estacionamiento, shoping, butacas con acomodador y “techito por si llueve”. Pero si el Globo juega, no puedo fallar, pensó.

El sábado amaneció un día peronista, de cielo diáfano y celeste, después de tanta agua el sol parecía un habitante huraño y extraño, que había vuelto.

Sin embargo, a la hora de salir, habían pintado de gris el cielo. La jermu campaneando el firmamento pensó en decirle ¿Por qué no lo ves por teicespor, y te quedás acá? Junándolo como lo junaba, después de tantos años de yugarla juntos, sólo atinó a pedirle que se llevara la camperita de lluvia, sabiendo que ni loco se quedaría en casa, y que la camperita quedaría irremediablemente en el ropero.

El punto se tomó el 133, y enfiló para el Diego Maradona. Bajarse del bondi, empezar la caminata, y que del cielo cayeran chinitos de punta, fue una misma cosa.

Le vino al balero lo de la camperita, pero tras cartón, se acordó de algunas mojaduras memorables. Un empate agónico con los cuervos con gol de Hugo Romeo, un triunfo 5 a 0 a Argentino de Rosario en Ñubels, un partido con Ferro en Caballito, en que el Documento de Identidad le quedó como se lo hubieran metido en el lavarropa, pero que recuerda con alegría porque, como casi siempre sucede con los verdolagas, terminamos festejando.

Pensó que la lluvia traería suerte. Claro que evitó recordar la tarde con los Bosteros en el gallinero y el doloroso gol del Chino Benítez, en medio de un diluvio.

Ya estaba cerca, cientos, miles como él desafiaban lo que ya, parecía la tormenta de Santa Rosa.

El rati se puso cariñoso, ¿Qué pasa vieja, donde te creés que canuto la pirotecnia? Mostró la entrada. Felíz, y empapado subió los empinados escalones, como cumpliendo un rito de una religión pagana, carente de infieles.

La tribuna llena, inflar los pulmones de aire y gritar “El Globo es pasión, locura de mi corazón”

Alguien, un pibe medio “rolinston” arriba de él, desliza un comentario pleno de desubicada lógica, “¿Qué carajo hacemos acá? ¡Estamos todos locos, ninguno pasa un examen psiquiátrico eh!” … pudiéndolo ver por la tele…

El punto se dio vuelta, lo miró medio fulero, y sin dudarlo ni un segundo le dijo: “Sabés una cosa pibe, le estamos haciendo el aguante a la historia. Vos, yo, y todos los que estamos acá, estamos salvando la fiesta popular, la que no nos van a robar ni Grondona, ni teicespor, ni Castrilli, ni la policía. Quedarme en casa, sería dejar de militar en esta causa, que debería ser de la de todos los que amamos a nuestros clubes”.

El rolinga entendió todo de una. Tomo aire y saltando siguió, ahora más convencido que nunca “El Globo es pasión, locura de mi corazón”

Globo de mi vida.



Gustavo Quinteiro

viernes, 7 de marzo de 2008

Programa Nº 156


Editorial

El Mercado y la Pasión

Alguna vez hemos aprendido en la escuela, que la ley de la oferta y la demanda rige sistemáticamente la fluctuación de los precios de los productos o servicios ofrecidos en el mercado.

Es por eso que el oro y el bronce, ambos dorados y brillantes, no valen lo mismo, ya que mientras el primero es encontrado en la naturaleza en forma escasa, el segundo es hallado con absoluta mayor facilidad. Es decir la oferta de bronce, es sensiblemente mayor que la de oro, y por eso su valor es menor.

Asimismo un producto puede variar su precio, en relación a la necesidad que el mercado, es decir, los consumidores, tengan de él. Por sólo dar un ejemplo un bidón de agua mineral, no podrá jamás tener igual precio en el Sahara, que en Buenos Aires. La altísima demanda de los agobiados habitantes del desierto africano, harán subir el precio del líquido elemento a niveles superlativos.

Pero también existe otro motivo para hacer subir un precio. Una argucia, una trampita de la ley del mercado, que es agregarle valor a un producto. Cambiarlo, aggiornarlo, adornarlo, revitalizarlo, y fundamentalmente PUBLICITARLO, darle marketing.

Entonces el producto de siempre, el de toda la vida, ahora aparecerá como nuevo y se le creará al consumidor (aún de manera ficticia) la necesidad de obtenerlo. De cualquier manera, a cualquier precio.

Leyendo las noticias de esta semana, nos enteramos que la cuota social de Huracán aumentará un 40%, a partir del 1 de abril.

Aplicando lo aprendido en la escuela, tratamos de razonar, de dilucidar, a que aspecto de la ley de la oferta y la demanda responde este aumento.

¿Será que los cupos de asociados están saturados y Huracán necesita, a través del aumento de la cuota, disminuir su masa societaria, para evitar el colapso de sus instalaciones?

¿Es probable, que ante el aluvión de solicitudes nuevas, Huracán aumenta su cuota, al efecto de mantener un alto nivel de sus socios, siendo estos integrantes de la capa conocida en el mercado como abc1, es decir los de mayores ingresos?

¿O es tal vez, que como Huracán ahora tiene un equipo plagado de estrellas, su economía saneada, la sede social impecable, y la quemita en un estado brillante, y el estadio a la altura de los más modernos y confortables, bien vale pagar una elevada cuota social, para disfrutar de todas estas bondades?

Si usamos un poquito la cabecita, y dejamos la ironía de lado, rápidamente nos daremos cuenta que el aumento de la cuota social no obedece a ninguna lógica del mercado. Es arbitrario, y si se nos permite la soberbia… poco inteligente.

En Julio del año pasado, la cuota había aumentado un 25%, incremento lógico tras el anhelado ascenso. Sin embargo la admisión de nuevos socios, no alcanzó las expectativas menos optimistas. Esperamos que ahora, tras este nuevo incremento, no se produzca el efecto inverso.

Desde esta humilde tribuna pedimos un sacrificio más a la gente de Huracán. Pagar más, por lo mismo, o como decía Cacho Di Nome: A Huracán todo, sin pedirle nada.

Gustavo Quinteiro

Globo de mi vida.